La música amansa las fieras

¿Por qué nos gusta tanto la música? ¿Quién no ha experimentado el impulso de seguir el ritmo de la música que oye con los pies? ¿Cómo es que la música nos puede llevar a través de distintos estados emocionales? ¿Por qué en algunos momentos nos relaja, y en otros nos activa? Parece que el ser humano, desde tiempos inmemoriales, cuando aún no se comunicaba mediante el lenguaje verbal , usaba distintas “melodías” que podían significar peligro, amenaza, sorpresa o tristeza.

De hecho, algunas culturas primitivas que existen hoy día, usan cánticos y ritmos con tambores para comunicarse, incluso a grandes distancias. Aún en nuestro tiempo, cuando la evolución nos permite comunicarnos mediante palabras, la entonación de los mensajes que emitimos -la parte musical de éstos- es indispensable para llegar a comprender el significado global de lo que nos están contando. Así pues, no sólo nos gusta escucharla de forma lúdica, sino que usamos la música al comunicarnos, y recientemente se ha estudiado y verificado su utilidad como herramienta terapéutica, puesto que nos beneficia de distintas formas.

De todas las actividades que las personas podemos realizar, parece ser que escuchar música activamente es la que más zonas distintas del cerebro activa, por la variedad de tareas mentales que hacemos al escucharla:

  • La música capta nuestra atención de forma automática, y consigue que trabajemos la selectividad de nuestra atención: permite  fijarnos sólo en éste estímulo sonoro mientras dejamos de lado otros que puedan estar presentes en el mismo momento -internos, como pensamientos negativos, o externos, como ruidos lejanos-.
  • De forma inconsciente, analizamos sus distintos componentes auditivos -el sonido, el ritmo, la melodía y la harmonía-, para terminar interpretándolos: concluimos que lo que escuchamos es agudo o grave, lento o rápido, harmónico o disharmónico, etcétera. Después, mediante nuestra capacidad de cognición o pensamiento, le atribuimos un significado personal, pudiendo parecernos una canción alegre, triste, estresante, relajante, melancólica o enérgica. Por ello, dos personas que escuchen la misma canción pueden tener distintas interpretaciones, de la misma forma que sucede al observar un cuadro o una escultura. En las películas, las bandas sonoras juegan éste papel de completar el significado de las imágenes que estamos viendo, aumentando el suspense o la acción  de una escena, entre otras.
  • Despierta nuestras emociones, puesto que asociamos las canciones a cómo nos sentimos en momentos y sucesos concretos de nuestras vidas, de forma que actúan como “detonantes” al oírlas de nuevo, llevándonos a esos estados emocionales pasados y reactivando nuestros recuerdos.
  • Sirve tanto para expresarnos y comunicarnos como para recibir mensajes, como mencionábamos antes: los músicos suelen explicarlo diferenciando entre “tocar” una pieza -traducir las notas de la partitura en sonidos concretos- e “interpretar” una pieza -plasmar las emociones que se quieren transmitir al público en las notas y en la forma de tocar: más suave o más fuerte, acelerando o ralentizando-.
  • Por último, puede activar o inhibir el movimiento: lo activa cuando nos movemos al ritmo de la música, de forma regular y continuada, y lo inhibe cuando, por ejemplo, un niño que no para de moverse se relaja al escucharla.

Por todo esto, hay psicólogos  que usan la músicoterapia, entendida como “el uso de la música y/o de sus elementos por un músico-terapeuta cualificado, con un paciente o grupo, en un proceso destinado a facilitar y promover la comunicación, aprendizaje, movilización, expresión, organización u otros objetivos”. Ésta herramienta es especialmente útil en niños, puesto que capta rápidamente su atención, les resulta muy gratificante a la vez que divertida, y a través de ella pueden mejorar su desarrollo intelectual, su capacidad de reflexión y concentración, etc. A largo plazo, tocar instrumentos con otros niños puede fomentar su percepción de competencia –viendo que mejoran progresivamente-, además de la paciencia y el respeto –aprender a esperar su turno, escuchar a los demás-. Por último, es un canal de comunicación muy útil con los niños, a través del cual pueden expresar estados emocionales que quizás no sabrían explicar con palabras.

Pero la música no es solamente útil en niños, es un elemento relajante muy potente que puede servir también para adolescentes, adultos, en conflictos de pareja y de familia, puede usarse individual o grupalmente, como elemento de soporte en alcoholismo o drogodependencias, para superar bloqueos en la comunicación y en trastornos del desarrollo. Fuera del contexto clínico, a todos nos puede ser útil escuchar música cuando queremos relajarnos, o por el contrario, si queremos motivarnos o estar más activos: por poner un ejemplo, es bastante común entre los deportistas escuchar música en sus MP3 para motivarse. El mismo nadador Michael Phelps –ganador de 14 medallas de oro olímpicas- aparece en éste anuncio, afirmando que “hay dos cosas que necesito antes de cada competición: música y tiempo para aclarar mi mente”.

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