Envejecimiento: estrés y deporte

El cerebro, así como otros órganos de nuestro cuerpo, es sensible al estilo de vida que llevamos. Su salud y funcionamiento se ven influenciados por cómo comemos, la actividad física y mental que realizamos, etcétera.

Cada vez es más frecuente recomendar en general, pero sobre todo a las personas de la tercera edad, seguir una dieta equilibrada y practicar deporte regularmente. Respecto a este tema, la investigación reciente ha demostrado que una vida sedentaria es factor de riesgo para desarrollar todo tipo de enfermedades, incluidas las que afectan al cerebro. Si los tejidos de nuestro cuerpo envejecen más deprisa por no cuidarlos, es lógico que enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson y otras aparezcan más frecuentemente, y se manifiesten más gravemente. Al envejecer, se ponen en marcha procesos de degeneración y muerte neuronal, que pueden avanzar más rápida o lentamente según cómo sean nuestros hábitos de salud. Llegados a este punto, ¿se puede retrasar la incidencia de dichos procesos degenerativos? ¿Es más lento el envejecimiento de enfermos de Parkinson –y otras enfermedades del cerebro- en aquellos que tienen un estilo de vida más saludable? ¿Podemos proteger nuestro cerebro de la atrofia de alguna forma?

Aceleradores del envejecimiento

El término estrés hace referencia al nivel de actividad de nuestro cuerpo en general. Un nivel medio de activación es necesario para “ir al grano”, pero cuando estamos demasiado tensos, o durante un período de tiempo muy largo, puede resultar perjudicial: problemas de aprendizaje, de sueño, etc. Las neuronas del cerebro, al igual que el resto de células de nuestro cuerpo, son sensibles  a esta sobreactivación: para entenderlo, digamos que si trabajan bajo presión más de la cuenta, se agotan.

La oxidación celular es el proceso responsable de que las células se degraden, y finalmente, mueran. Dicho proceso es natural y aparece a lo largo de toda la vida -puesto que el cuerpo se autorregula y elimina las células que ya no le sirven- pero se acentúa en la vejez. El estrés excesivo es capaz de acelerar éste proceso. Por contra, el cuerpo genera sustancias antioxidantes, que conservan las células. Uno de los beneficios de mantener una dieta rica en antioxidantes pues, recae en la posibilidad de retrasar la degradación a través del aporte de nutrientes y vitaminas a las células.

Además de estos dos factores, el consumo de tabaco, alcohol y ciertos medicamentos puede acelerar la oxidación celular, y, en consecuencia, el envejecimiento de nuestros órganos. En concreto, cuando el cerebro se degrada aceleradamente, el total de neuronas se reduce y las restantes funcionan a menor velocidad. Por ello, pueden manifestarse con más virulencia enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson o la corea de Huntington como consecuencia de la pérdida neuronal en distintas zonas del cerebro: estas enfermedades dan lugar a pérdidas en la capacidad de memorizar, de movernos, orientarnos, e incluso en nuestra personalidad.

El deporte como elemento de salud mental

El cerebro se encarga de controlar las actividades que llevamos a cabo (por ejemplo: si estudiamos, se activarán las zonas que permiten el razonamiento y la memoria, y por ello las neuronas de ésta zona  y de otras zonas contiguas se desarrollarán más), y al realizar deporte activamos distintas partes del cerebro, ya que es una actividad que requiere de coordinación, movimiento, de procesamiento sensorial, espacial y propioceptivo. Gracias a la plasticidad del cerebro, las zonas que se activan se vuelven más eficaces, y se conservan mejor a lo largo del tiempo.

Entre los efectos beneficiosos del deporte para el cerebro –y para el cuerpo en general-, podemos mencionar que el flujo sanguíneo aumenta de forma significativa, y mediante ésta  irrigación, el tejido neuronal recibe oxígeno y nutrientes necesarios para su funcionamiento y conservación. Además, es útil para combatir el estrés y reducir los niveles de ansiedad, sirve para mejorar la calidad del descanso y el sueño, e incluso mejora nuestro estado de ánimo mediante la segregación de serotonina –la “hormona de la felicidad”-. Asimismo, actúa como elemento protector de nuestra capacidad intelectual al envejecer: la famosa expresión “mens sana in corpore sano”, refleja la interrelación entre salud física y mental, y se ha observado que las personas que practican deporte regularmente manifiestan un envejecimiento mental menor, así como una menor afectación cuando padecen enfermedades neurodegenerativas.

Así pues, la oxidación celular, el estrés, las enfermedades neurodegenerativas y otras –como las coronarias- afectan más frecuentemente,  de forma más aguda, a las personas que tienen un estilo de vida sedentario, que consumen tabaco, alcohol, etc. Puede parecer una contradicción que el deporte, con el desgaste de energía que supone, pueda mejorar la salud de nuestras células. Al igual que sucede con el estrés, practicar deporte con medida es sano, mientras que llevar nuestro cuerpo hasta su límite conlleva una pérdida mayor de nutrientes: en cualquier caso, es importante alimentarnos adecuadamente antes y después de realizar ejercicio. Por todo esto, resulta altamente recomendable practicar deporte con medida, llevar una dieta equilibrada y rica en antioxidantes y vitaminas –consultar con un dietista si es necesario-, así como mantener una buena higiene del sueño.

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